Evolución Hombre-Vivienda
El hábitat evoluciona desde la primitiva cabaña al palacio en una correlación simbólica comparable al desarrollo del ser humano en cuanto especie e individuo, veámoslo.
Vivienda |
Hoja Embrionaria |
Registro cerebral |
Núcleo básico de la vivienda |
Endodérmica |
tronco cerebral |
Zonas de paso y estancias |
mesodérmica |
mesencéfalo |
Zonas de comunicación e intercambio |
ectodérmica |
corteza cerebral |
En la cabaña localizamos las dependencias, cocina, comedor y dormitorio en una solución de continuidad útil para satisfacer las necesidades básicas, constituyendo el
núcleo básico de la vivienda, en relación analógica con el endodermo.
Posteriormente las actividades humanas obligan a incorporación de nuevas estancias: graneros, despensa, establo, pajar, etc. El relleno de estas dependencias nos vincula analógicamente con la capa mesodérmica y el mesencéfalo.
El proceso culmina, en conjunto, con la incorporación de estancias destinadas al intercambio y relación social: recibidor, sala de estar, despacho y con la interconexión de las dependencias mediante zonas de paso. Evocándonos en conjunto el desarrollo de la capa ectodérmica y su función de comunicación, recepción e intercambio.
La interacción hombre-entorno es posible por la capacidad del cerebro de modular las respuestas del medio, el hábitat en el caso que nos ocupa, mediante transcripciones simbólicas.
El cerebro actúa como un superpotente ordenador que ante situaciones estresantes moviliza los registros con reacciones orgánicas en tiempo real y con la transposición simbólica del estrés en tiempo diferido.
La transposición simbólica asocia los contenidos y emociones a los instintos básicos transformando al símbolo en un algoritmo o maquina transformadora y generadora de energías que actúan en un doble sentido mente-cuerpo y cuerpo-mente.
Está actúa tan eficazmente porque nos atrapa en lo mas hondo e inconsciente al unir las aptitudes biológicas con los condicionantes emotivos y arquetipos culturales.
Bajo este aspecto una noticia externa, como puede ser la caída de la bolsa, puede ser vivenciada físicamente como una perdida del territorio y genera una respuesta emotiva en el ámbito orgánico de ansiedad, cólera o miedo…, aunque el conflicto no represente ninguna amenaza a la integridad física del individuo. Respuesta que puede ser modulada por el entorno, espacialmente el hábitat. |